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En los años inmediatamente posteriores a la Guerra Fría, el derrumbamiento del imperio comunista y la aparente llegada de la democracia a Rusia auguraban una nueva era de convergencia mundial. Los grandes adversarios de la Guerra Fría compartían repentinamente numerosos objetivos, incluido el deseo de integración política y económica. En ese contexto, el optimismo era comprensible. Hoy en día, la reaparición de grandes potencias autocráticas y la fuerza reaccionaria del radicalismo islámico han debilitado ese orden liberal, y amenazan con debilitarlo más aún en las próximas décadas. Robert Kagan, uno de los más notables expertos en política mundial y autor de Poder y debilidad, demuestra que el avance hacia el liberalismo era contingente y que la gran falacia de nuestra era ha consistido en creer que ese orden respondía al simple triunfo de la mejor visión del mundo, o al desarrollo natural del progreso humano. |